El mundo deja de pagar el capricho de un tuit

Una mañana cualquiera, el mundo se despertó con una noticia que suena aburrida, pero no lo es.

“Un tribunal supremo de los Estados Unidos ha tumbado los aranceles de Donald Trump”.

Ya.

Y “aranceles” es una de esas palabras que, si te la sueltan antes del café, te puede dar la misma ilusión que leer los ingredientes de un champú. Pero aquí está el truco: cuando los aranceles se mueven, se mueven los precios, se mueven las empresas, se mueven las monedas… y, sin que nadie te pida permiso, se mueve tu vida.

Así que hoy te lo cuento como se merece: como un cuento. Porque lo de esta semana no va de economía. Va de poder. Va de límites. Y va de una idea incómoda: incluso el país más poderoso del planeta necesita que alguien le diga “no”.

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