160226

"Queridos Jan y Anna:

Os escribo esta carta con una mezcla de orgullo y vértigo. Orgullo por la vida que tenéis por delante. Vértigo por el mundo que os espera. No para asustaros, sino para acompañaros, aunque sea con palabras, cuando yo ya no esté al lado para hacerlo en persona.

El mundo que vais a vivir no se parecerá al de vuestros abuelos. Tampoco al mío. Vivimos una época extraordinaria, desordenada y fascinante. La tecnología avanza más rápido de lo que somos capaces de digerir, y va a cambiar reglas que durante generaciones parecían intocables. El trabajo dejará de ser el eje alrededor del cual se construye toda una vida. No porque desaparezca, sino porque ya no será necesario para producir todo lo que una sociedad necesita.

Esto tiene una parte profundamente positiva. Es probable que viváis en un mundo con menos escasez material que nunca. La comida, la energía, la información, la educación y la sanidad serán más accesibles. Nadie debería vivir con el miedo constante a no llegar a fin de mes o a no cubrir lo esencial. Ese avance es real y merece ser celebrado.

Pero también hay una verdad incómoda que quiero que conozcáis desde jóvenes. Si el trabajo deja de ser imprescindible, también dejará de ser el principal mecanismo para obtener ingresos, seguridad y reconocimiento. Surgirá una sociedad desigual de otra manera: unos pocos con criterio, activos y capacidad de decisión; y muchos con tiempo, consumo garantizado y poca influencia sobre su propio destino.

Por eso, si hoy tuviera vuestra edad, empezaría pronto a construir patrimonio financiero. Sin prisa y sin ansiedad. No para acumular, sino para elegir. Aprender a ahorrar, invertir con paciencia, entender el dinero y evitar deudas innecesarias es una forma silenciosa de libertad. En el futuro, no será rico quien más gane, sino quien más opciones tenga.

Pero hay algo aún más importante que el dinero: conoceros de verdad. Descubrid aquello que se os da bien sin esfuerzo aparente, eso que hacéis casi sin daros cuenta. Todos tenemos un talento, una sensibilidad, una forma única de mirar el mundo. No siempre es evidente ni encaja en moldes. Cuidadlo. Dadle tiempo. No tengáis prisa por convertirlo en algo útil para otros antes de que sea significativo para vosotros.

Leed. Mucho. Y escribid más de lo que creéis necesario. Escribir no es solo comunicar: es pensar con claridad, ordenar emociones, entenderse. Cultivad una curiosidad honesta por aprender. La inteligencia artificial os abre un acceso casi infinito al conocimiento humano. Usadlo para crecer, no para adormeceros. Aprended por deseo, no por obligación.

Cuidad con especial atención a las personas que os rodean. En un mundo cada vez más automático, los vínculos humanos auténticos serán uno de los bienes más escasos y más valiosos. Elegid bien a quién dais vuestro tiempo y vuestra confianza. Rodéaos de personas que os reten sin romperos, que os escuchen sin juzgaros y que os ayuden a ser mejores sin dejar de ser vosotros. Saber construir relaciones sanas os protegerá más que cualquier contrato.

Quiero detenerme en algo esencial: la salud.

La ciencia va a avanzar de forma espectacular. La detección precoz de enfermedades, la medicina personalizada y la prevención harán posible vivir muchos más años. Llegar a los 90 o a los 100 será cada vez más habitual.

Pero escuchadme bien: el objetivo no es durar. El objetivo es vivir.

No sirve de nada que el cuerpo siga funcionando si ya no podéis disfrutarlo. Si caminar cuesta, si pensar duele, si la vida se reduce a mantenerse en pie. Por eso, cuidad vuestro cuerpo como si fuera el tesoro más valioso que tenéis, porque lo es. Dormid bien. Moveos. Comed con criterio. Respetad vuestros límites. Las decisiones que toméis cuando os sintáis fuertes determinarán cómo viviréis cuando seáis frágiles. La ciencia podrá alargar la vida; solo vosotros podéis decidir la calidad de esa vida.

Tendréis más tiempo libre que generaciones anteriores. Ese tiempo será un regalo y una prueba. No os anestesiéis. No dejéis que las pantallas os roben la vida sin daros cuenta. Buscad un propósito, aunque sea pequeño y cambiante. Cuidar de alguien, crear algo, sostener una idea, mejorar un rincón del mundo. Todo lo que hagáis por otros os dará sentido cuando la motivación desaparezca.

Habrá dudas, errores y cambios de rumbo. No los viváis como fracasos. Adaptarse será una de las grandes virtudes del futuro. Cambiar de opinión no es debilidad; es inteligencia cuando se hace con honestidad. Pensar a largo plazo, cuando todo invita a lo inmediato, será una forma de valentía.

No intentéis tenerlo todo claro. Intentad vivir con criterio, con humanidad y con respeto por vosotros mismos. En un mundo incierto, eso ya es una forma profunda de libertad.

El futuro os permitirá vivir muchos más años que cualquier generación anterior. Ojalá sepáis usar ese regalo. No para simplemente durar, sino para vivir de verdad. Porque de poco sirve llegar lejos si el cuerpo ya no acompaña o el camino se recorre vacío. Cuidad vuestra salud, defended vuestro propósito y no entreguéis vuestra libertad interior. Una vida larga solo merece la pena si todavía es una vida que apetece ser vivida.

Con todo mi amor,

Papá"